Tulum
Zamá o Tulum fue la ciudad y puerto donde los sacerdotes-astrónomos
veían nacer a Venus como estrella vespertina y a su vez renacer como
“Estrella de la Mañana”; por su bóveda celeste, de oriente a poniente,
de la luz a la oscuridad, del rojo al negro, se movía la gran estrella,
como un dios dual que regía la vida de los pobladores de la costa del
Mar Caribe; algunos de los cuales diariamente se lanzaban al agua
para obtener la subsistencia, y otros se aventuraban en sus canoas
para realizar viajes de comercio a gran distancia.
El azul del cielo y del mar, el verde de la vegetación y del centro, el
amarillo del sur y el blanco del norte, así como el rojo del oriente y el
negro del poniente, son colores simbólicos del mundo de aquellos
mayas-chontales, los cuales sirvieron para plasmar sus escenas
religiosas en las bellas pinturas murales de sus templos.
La zona arqueológica se compone de edificios que en su momento constituyeron el núcleo principal (ceremonial y político) de la ciudad, monumentalmente delimitados por la muralla mejor conocida del mundo maya. En el entorno de esa muralla, se encontraba un enorme número de casas construidas de madera y palma, de las cuales hoy prácticamente no se conserva ninguna evidencia.
La muralla antes mencionada delimita al conjunto principal por sus lados norte, sur y oeste, ya que la porción oriental mira directamente al Mar Caribe. Cuenta con cinco accesos y dos torres de observación, que dan cuenta del grado de control que en su momento se ejerció sobre quienes pretendieron entrar a esta zona.
En la porción central del sitio se encuentran los edificios principales, delimitados por una segunda muralla interior; la mayor parte de ellos tuvo funciones de tipo ceremonial y entre ellos, El Castillo es el más sobresaliente, por su tamaño, ubicación y la singular fachada de su templo superior, con tres accesos ornamentados con columnas serpentinas, complementados con una deidad descendente y dos mascarones zoomorfos en las esquinas. Cabe mencionar que la imagen actual de El Castillo es producto de diversas etapas constructivas, la más reciente de las cuales está representada por dos pequeños templos ubicados a ambos lados de la escalera principal. Al frente de El Castillo se encuentra una plataforma, posiblemente para danzantes, y a los lados otros edificios que complementan el arreglo del conjunto, y entre los cuales cabe mencionar al Templo de las Series Iniciales, donde se encontró la fecha más temprana documentada en Tulum.
Al norte se encuentra el Templo del Dios Descendente, conformado por un pequeño basamento sobre el que se construyó un templo ornamentado con la imagen de un dios descendente, principal elemento iconográfico de la ciudad.
Frente al conjunto antes descrito se encuentra la calzada principal, que es una verdadera calle sobre la que se ubicaron diversos edificios residenciales, el más importante de los cuales es el Templo de los Frescos, que es una construcción originalmente conformada por una habitación rodeada por un pórtico en tres de sus lados. Las pinturas murales que se conservan en sus paredes retratan, a una serie de seres sobrenaturales residentes en el Inframundo, que por un momento aparecen retratados entre la oscuridad y la luz, y que constituyen uno de los más importantes testimonios de la pintura mural maya prehispánica. Adicionalmente a las pinturas, debe mencionarse que las esquinas del edificio están ornamentadas por mascarones con elementos serpentinos que posiblemente les asocien a Kukulcán.
La Casa de las Columnas y la Casa del Halach Uinic, ubicadas en el área de la calzada, constituyen interesantes ejemplos de la arquitectura residencial de Tulum, en tanto que la Casa del Cenote ubicada en el sector norte del conjunto amurallado, documenta la importancia que los mayas habrían dado al culto acuático, especialmente al vinculado a los cenotes y a la oscura liquidez que albergaban.
El Grupo Kukulcán, ubicado justo al norte de El Castillo, comprende diversas estructuras menores, siendo la más notable el Templo del Dios del Viento, nombrado así por la redondez de su basamento. Tradicionalmente relacionado a Kukulcán como Dios de los Vientos o al Ehécatl del Centro de México.
Finalmente, debe destacarse la importancia del área de playa, en donde seguramente habrían atracado las naves mayas dedicadas al comercio en torno a la península, y que hoy constituye el área más visitada del asentamiento arqueológico.
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